17 de Septiembre de 1176

La Batalla de Miriocéfalo, tuvo lugar el 17 de septiembre de 1176, entre el ejército de los turcos selyúcidas y fuerzas del Imperio Bizantino, del Reino de Hungría y del Principado de Antioquía, y aunque militarmente terminó en un empate técnico, la realidad es que terminó en una victoria de los selyúcidas, virtual, ya que sus enemigos tuvieron que retirarse al perder los suministros básicos durante el combate, lo que denotó la pérdida de iniciativa en la zona de Bizancio y su última gran campaña.

En realidad, aunque fue una dura derrota, Miriocéfalo no acabó con el ejército bizantino. En 1177, las fuerzas imperiales volvieron a luchar en la zona ganando comarcas ya perdidas. Hasta la muerte en 1180, de Manuel I (jefe de las fuerzas del Imperio Bizantino), continuaron batallando contra los selyúcidas con relativo éxito.

Sin embargo, ya no volvió a intentarse, nunca más, otra campaña a gran escala. El Imperio había perdido la iniciativa, y, al igual que en Manzikert, el equilibrio entre ambos poderes empezó a cambiar. Manuel I no volvió a dirigir un gran ataque contra los turcos.

Miriocéfalo tuvo mayor impacto psicológico que militar, pues demostró que el Imperio aún no podía acabar con los selyúcidas, pese a todos los avances. El problema era que el Emperador había distraído recursos para la lucha contra los selyúcidas con vanas lances en Italia y Egipto. Ello dio a los selyúcidas tiempo suficiente para blindarse y equipar a su guerrilla. Finalmente, Manuel I yerró en lo táctico, errores muy graves, al no indagar adecuadamente la circunscripción y comportarse de manera temeraria, lo que condujo a su ejército a una artimaña.

Con la muerte de Manuel, y tras el trágico final del usurpador Andrónico I Comneno, el Imperio cayó en una vorágine y en una clara abulía; ya no sería capaz de emprender una gran ofensiva en el este. En último término, la derrota de ese 17 de septiembre de 1176 significó que los bizantinos desperdiciaron por completo el control sobre la meseta de Anatolia.

 

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