Abanicos en la Edad Media

Abanicos en los banquetes

En la Edad Media , no había cepillos para limpiar la dentadura, colonias, y tampoco papel higiénico. Los excrementos y las micciones humanas eran vertidas al exterior por las ventanas de los palacetes. En un día festivo, se podían reunir hasta 1500 personas sin ningún aseo. Observamos en las películas como mucha gente utiliza los abanicos, y gente siendo abanicada. La razón no debemos buscarla en el calor, y sí en el hedor que emanaban las personas debajo de sus atavíos (estas indumentarias estaban fabricadas para contener el olor de las partes íntimas puesto que no solían asearse).

No había práctica de ducharse por la ausencia de calor en los aposentos, y tampoco había agua en la mayoría de ellas. Así pues, la única forma para combatir este hedor era utilizar los abanicos y dispersar el olor.

Solamente los adinerados tenían sirvientes que realizaban este trabajo de utilizar los abanicos para satisfacer a sus nobles. Además utilizando los abanicos también ahuyentaban a bichos que andaban cerca de ellos por la misma razón.

Abanicos en los enlaces matrimoniales

En la Edad Media un gran número de enlaces se celebrababan en junio, al empezar el periodo estival. La razón es fácil, puesto que los primeros baños para higienizar los cuerpos era, por costumbre, en mayo, así pues, en junio el hedor era todavía sufrible. Las novias portaban, a parte de los abanicos, ramilletes de flores para así enmascarar los malos olores, puesto que algunos, digamos que ya eran molestos. Y así comienza una nueva tradición, con el mes de mayo como mes de las nupcias y que las novias lleven ramo.

Abanicos para flirtear

En la era Victoriana el romanticismo se transformó en el deseo de todos, y el arte del galanteo se preparaba con ahínco. Las muchachitas de esa época crearon un códice utilizando los abanicos. Con éste podían decir quién era un buen galán y quién no, quién tenía compromiso, y quién era feo o, por el contrario, hermoso.

Algunas de estos códigos eran:

Plegar los abanicos y llevarlos hacia el carrillo: SÍ.
Plegar los abanicos y llevarlos a el carrillo izquierdo: NO.
Girar los abanicos en la mano derecha: Estoy enamorada de otro.
Mantener los abanicos en frente de la cara con la mano izquierda: Te deseo.
Pasar los abanicos por la frente: Has cambiado.

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